Soy hijo de inmigrantes chilenos que partieron a comienzos de los 80’s, por motivos económicos, durante la dictadura pinochetista. Nací en San Carlos de Bariloche, transité por muchos años de idas y venidas una vida de extranjero. Como dice Cabral “No soy de aquí ni soy de allá”. Crecí cercano y atento a la realidad indígena contemporánea tanto por amigues, vecines, compañeres de escuela y secundaria. También por ser la patagonia un espacio donde las temáticas y problemáticas indígenas están más a flor de piel, las disputas (culturales, territoriales, etc), violencia y opresión actuales se viven frecuentemente y a poca distancia. He compartido y vivido personalmente experiencias que desde temprana edad me han hecho indagar y cuestionar temas como la identidad, la patria, las banderas, las aduanas, los viajes en colectivo x cientos de horas, mirando por la ventana en movimiento, mientras azota el viento y el frío de cruzar la cordillera. Ser chileno en argentina, ser argentino en chile, ser argentino en argentina, el patriotismo, la historia, las historias, los mitos y los mandatos culturales en general. Esos puntos suspensivos e interrogantes los elegí transitar desde el arte y, más decididamente, desde que vine a estudiar Artes Audiovisuales a La Plata. Me interesa poder plasmar en esta obra/ejercicio audiovisual esos cruces, esa red de historias, de memorias incompletas y recordadas a fuerza de fragmentos, de poder construir memoria, indagar su funcionamiento, crear memoria audiovisual o, mejor aún, un ritual de imágenes y sonidos que la invoque , que nos regrese del olvido.
Soy hijo de una mendocina y un entrerriano, ambxs con historias familiares muy ancladas en el campo. En ambos árboles genealógicos, las ramas de mis abuelos (tanto el materno como el paterno) son más visibles que las ramas de mis abuelas. Sus historias están truncas y tamizadas de sombras. De modo general, no hay un gran ejercicio de memoria en nuestra familia. Es esa casi ausencia de relato la que durante muchos años me incentivó intuitivamente a fabular, imaginarme historias sobre mis orígenes. Hoy en día, esa vocación de fantaseo se transformó en preguntas que me sobrevuelan. Mi desarrollo durante esta carrera me permitió pensar en las imágenes y lo audiovisual. Es así que la ausencia de imágenes en nuestro archivo familiar en cruce con la vocación de narrar/ficcionalizar me parece un terreno precioso donde indagar. Como dice Edgardo Antonio Vigo “Sembrar memoria para que no crezca el olvido”.
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